martes, 21 de julio de 2015

In memoriam: César Israel Maravillas García & Mirna Verde Balcázar


In memoriam
Sería injusto olvidar en esta celebración a los compañeros que por azares del destino ya no se encuentran con nosotros: Cesar Israel Maravillas García y Mirna Verde Balcázar. Amigos cuya vida terminó en el momento menos esperado, uno a causa de un trágico accidente y otra a causa de la brutal violencia que vivimos en Nayarit hace algunos años.

Hoy los recordamos con cariño, a ellos que en su momento compartieron con nosotros alegrías, enojos, frustraciones, sonrisas, pero sobre todo amistad y, aunque sea por algunos años, la dicha de ser docentes, él en educación primaria y ella en educación especial .

Donde quiera que se encuentren sepan que ustedes forman parte de una generación de retos, una generación inolvidable.


 
César Israel Maravillas García
(18 de mayo de 1983 / 14 de noviembre de 2010)
César siempre tuvo habilidad para la danza regional mexicana. Realizó su servicio docente en la primaria Constitución de 1917 ubicada en la colonia Indeco de la ciudad de Tepic, donde se hizo cargo de la banda de guerra de la escuela. Después de obtener su título como Licenciado en Educación Primaria en el Instituto Estatal de Educación Normal de Nayarit, se trasladó al estado de Michoacán donde cubrió interinatos de educación telesecundaria en la localidad de La Placita de Morelos, municipio de Aquila, por espacio de dos años. También cubrió un interinato en educación primaria en el municipio de Apatzingan.

Posteriormente logró obtener su plaza base en educación primaria en Buenavista Tomatlán, donde laboró por dos años hasta el momento de su lamentable fallecimiento.

Su esposa Gema Oyuki Calvillo Pulido, su hija Tzitziky Yunuen Maravillas Calvillo,  sus padres Fernando Maravillas Jiménez y Martina García Carrillo, así como su hermana Verónica Maravillas García y su sobrino Yordanis Sinuhe Nates Maravillas lo recuerdan con cariño. 

  

Mirna Verde Balcázar
(26 de octubre de 1983 / 18 de noviembre de 2010)
Recordamos a Mirna como una compañera destacada. Obtuvo su título como Licenciada en Educación Especial en el área de Deficiencia Mental del Instituto Estatal de Educación Normal de Nayarit, después de realizar su servicio profesional docente en la escuela primaria Guillermo Prieto Pradillo. Prueba de su esfuerzo y dedicación es que después de laborar durante un año en la Escuela Normal de Especialización de Nayarit, ganó el primer lugar en el examen de oposición de entre 110 aspirantes en la modalidad de educación especial con énfasis en deficiencia mental.

Inició su servicio en educación básica en el municipio nayarita de Huajicori. Tras estudiar diversos diplomados en lenguaje manual, sistema braille y autismo accedió a la función de Asesor Técnico Pedagógico en el municipio de Rosamorada. Poco antes de ser víctima de la violencia, estudiaba un diplomado en el TEC de Monterrey con el sueño de recibir una beca que le permitiera estudiar una maestría en España.

Agradecemos la información proporcionada por la señora Aurora Balcázar Hernández, madre de nuestra querida compañera.


Los primeros días...


Por: Lilia Rocío Pérez Lerma,
Licenciada en educación preescolar.

Es complicado comenzar a relatar mi experiencia sobre los primeros años porque vienen a mi mente mil recuerdos y experiencias valiosas, para mí todas interesantes, para ustedes como lectores no lo sé, intentaré centrarme en alguna.

Me inicié en el servicio docente en el municipio de Bahía de Banderas, en la zona 17 con cabecera en Bucerías Nayarit, yo lo conocía muy poco, por las playas por supuesto, entonces no podía imaginar que San Francisco sería mi primer lugar de trabajo. Es un lugarcito hermoso (seguro mis compañeros que han tenido la suerte de trabajar por aquellos rumbos saben de qué les hablo), tiene una playa un tanto introvertida diría yo, porque no invita mucho a nadar la verdad, pero en fin no voy a negar su atractivo turístico, es hermosa toda la bahía, ahora viéndolo a la distancia puedo decir con toda franqueza que  no fui capaz de disfrutar al máximo esos días, porque me desprendí de cosas cuando tuve que irme y yo sé que hoy puede sonar exagerado decir algo así pero de verdad me costó bastante acostumbrarme, en el tiempo que estuve por allá, sin embargo aprendí bastante y no sólo en el plano profesional sino también personal. Les contaré algo sobre esos primeros días...

 San Francisco por 2005 era un lugar turístico y no tanto como ahora, pero confluían personas de distintas partes del mundo y eso es algo que me sigue fascinando aún hoy. Yo llegué al Jardín de Niños Luz María Serradel, fue un incremento, por lo que no había un aula  para mi grupo, sólo 26 alumnitos y una pequeña bodega que se usó como salón, de madera por cierto, con dos ventanas y 35ºC a la sombra. Caminaban cangrejos por el piso, y había un pizarrón, algunas sillas y mesitas para los niños.

Las primeras semanas de trabajo fueron de adaptación a todo,  llegaban nuevos alumnos que se iban distribuyendo en los tres grupos para no saturar uno solo, entonces sucedió: Zama Bortoloto, italiano, su padre trabajaba en un hotel como el 90% de la población, entonces el pequeño Zama no hablaba ni gota de español, pero bueno era italiano no era neozelandés, así que pude comunicarme con él desde el principio con algunas palabras en español y con señas por supuesto. Luego conseguí un diccionario de italiano y fue un poco menos complicado, los niños también intentaban comunicarse y se entendían al menos para jugar perfectamente, enfrentarme a la barrera del idioma con mis alumnos no fue imposible pero tampoco fue algo sencillo, en fin mis días en San Francisco fueron pocos por las cadenas que se hacen en la zona, entonces era y puedo asumir que sigue siendo una zona de mucha movilidad. Las maestras no permanecíamos mucho tiempo en un Jardín, pero lo que el “Luz María Serradel” me dejó, fue una  idea de lo que me iba a tocar vivir en la zona, solo una probadita.

Después de mi alumno Zama,  vino Mayan, era canadiense, ella con su mezcla de inglés y francés me confundía constantemente, la asignaron a  mi grupo de 3º en el Jardín de Niños “José María Pino Suárez”, en la Cruz de Huanacaxtle, entonces dedicaba un espacio del día para el intercambio lingüístico ella nos enseñaba inglés y nosotros español, en una ocasión le pedí que dibujara su casa, dibujó en lo alto la bandera canadiense y me enterneció bastante, puedo decir a mi favor que intenté por todos los medios que mis alumnos extranjeros se integraran y que el idioma más que ser una barrera fuera una ventana cultural para todos, me siento satisfecha al menos hice lo que estuvo en mi por aprovechar esas situaciones a favor y no tomarlas enteramente como un obstáculo.
 
Mi permanencia en la zona fue bonita, yo en la medida de lo posible pude disfrutarlo. Una ocasión salimos de excursión a recoger piedras de mar, hermosas debo decir yo maravillada me quedé con algunas para mí, las mejores según puedo recordar, pero fue desconcertante saber en primer lugar, que mis pequeños de cinco años y yo saldríamos a la playa ¿pero qué les pasa? pensé cómo se les ocurre, es demasiado riesgo yo no creo que pueda, salí entonces con el maestro de educación física,  él confiado todo el tiempo y yo  angustiadísima porque algo podía pasar, son niños pequeños pensé "qué tal que corran al mar o se piquen con algo o se los coma un tiburón"; sí, estoy exagerando, ¡pero créanme que lo llegué a pensar! Entonces los vi caminar tranquilamente como si tal cosa por  la playa y seguir las indicaciones del maestro y yo estupefacta y feliz de no tener que correr detrás de alguno para que no se metieran al mar, la consigna fue clara y ellos la siguieron, es que en realidad el mar para ellos era parte de su paisaje cotidiano, para mi no, para mi el mar significaba solo una palabra “peligro”. Del “José María Pino Suarez” en la Cruz de Huanacaxtle aprendí a no temerle al mar, aprendí que los niños en realidad estaban totalmente contextualizados y que ahí la única inadaptada era yo, luego en el aspecto pedagógico debo decir que tuve libertad absoluta para emprender mi camino con los alumnos, mi directora y compañeras muy accesibles hice amistades que aún conservo, era un excelente equipo, buenos días  buenos momentos, estábamos con la adaptación al PEP 2004,   los viernes teníamos cursos para reforzar la implementación del programa en las aulas.

Bahía de Banderas fue mi primer lugar de trabajo lo recuerdo con nostalgia y agradecimiento a la gente que me apoyó en mi estancia por allá y en mi trabajo, es que  ver el mar desde tu salón no es cualquier cosa y menos un mar tan bello, al terminar la jornada parecía que todos los días eran vacaciones, me topaba con surfistas, turistas y  demás, subirse a un camión y escuchar tres idiomas distintos al mismo tiempo, gente mojada con sus tablas de surf, un vendedor de helados, gente sonriendo y cantando algo en francés, de fondo ese color que tiene el mar a medio día, que es de un azul tan brillante que reclama toda tu atención, no puedes dejar de mirarlo, oigan es una postal muy bella y yo la vivía todos los días.



Una década trascendiendo


Por: Karla Elizabeth Ramírez Ruelas,
Licenciada en educación primaria

El verano de 2005 representó el final de una etapa de formación profesional, pero a la vez el inicio de nuevos proyectos y aspiraciones; fue el Instituto Estatal de Educación Normal de Nayarit mi cuna, el espacio material, moral y espiritual en el que a lo largo de siete años me vio emerger y surgir como un ente formador de pequeños pero trascendentales seres humanos: la niñez.

Hacer siempre las cosas con calidad y calidez procurando dejar en las personas una huella de mí en sus vidas, es la frase que enmarca mi filosofía y que rige mi actuar cotidiano. Filosofía que me permitió egresar en el invierno de 2010 del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey como Maestra en Administración de Instituciones Educativas, logrando recibir mención de excelencia académica en una de las instituciones de mayor prestigio en el país, en medio de una generación de ingenieros, arquitectos, licenciados y masters herederos de cunas empresariales o de las más altas esferas políticas; y ahí estaba yo, una humilde maestra rural concluyendo otro reto profesional y personal, sin olvidar sus raíces pero con una visión siempre cada vez más alta.


    Múltiples han sido las experiencias que la docencia me ha ofrecido, desde comenzar trabajando como maestra asesora ayudando con sus tareas y a estudiar a niños de escuelas particulares en sus casas; como docente durante el ciclo escolar 2006-2007 en el colegio Liceo del Valle, pertimitiéndome formar un ejemplar equipo colaborativo con mis amigos y compañeros de generación Orlando y Miguel Ángel Delgado Castro, Rigoberto Rodríguez Bueno y Candy Carolina Aguilar Estrada; a la par desempeñándome como maestra interina en la Escuela Primaria “Vicente Guerrerro” de la capital nayarita, habiendo encontrado entrañables compañeros que cobijaron mi estadia y me bridaron la seguridad y consejos más que de compañeros, de los padres docentes que no tuve. Sin embargo, ha sido la costa alegre de Santiago Ixcuintla quien me ha abrigado y me ha permitido adquirir las más relevantes historias profesionales y de vida.
    
En diciembre de 2007 salí por primera vez de la ciudad que me vio nacer y en la que me formé y ejercí mis primeros años en la docencia, llegando acompañada del noble profesor Cruz Peña (ahora jubilado), en ese entonces asesor técnico pedagógico de la zona escolar 42, a bordo de su motocicleta, con los nervios de quien desconoce otras tierras, otra cultura, otro escenario, a la Escuela Primaria “José María Morelos” de la comunidad de Amapa en la que trabajé un año, cumpliendo cabalmente con el deber sin importar las inclemencias del tiempo, como aquel día en el que tuve que llegar en un camión militar debido a las inundaciones, misma  en la que constaté el agradecimiento sincero de los padres de familia por la labor ejercida.
 
La Escuela Primaria “Estado de Tamaulipas” ha sido mi segunda casa desde el invierno de 2008, una escuela rural enmarcada por un escenario natural impresionante, por lo menos para mí, rodeada de parcelas, cultivos y humildes viviendas de la comunidad de Puerta Azul, con el cielo más azul que he visto, los amaneceres más motivadores, el canto endulzante de las aves y el calor más insoportable que he experimentado. En ella he visto desfilar a varias generaciones, marcando cada una de ellas momentos muy gratos.

Haber sido maestra en quinto y sexto grados de la generación 2007-2013 fue sumamente gratificante, al inyectar una dosis diaria de motivación y superación a niños y niñas que en su mayoría no conocían más que el proyecto de vida migrante, la paternidad temprana, el conformismo de dejar la escuela y continuar con la generación de jornaleros. Fueron ellos los alumnos que todo maestro desea ya que desarrollaron la capacidad para indagar, reflexionar, construir conocimiento  y se superaron académicamente a sí mismos, destacando entre ellos Javier Enrique González Peña un niño de cuna muy humilde pero con las más altas aptitudes sobresalientes que he conocido, mismas que le permitieron obtener un fideicomiso para concluir de manera destacada y holgada su carrera profesional hasta la licenciatura así como haber representado dignamente al municipio de Santiago Ixcuintla en la etapa estatal de la Olimpiada del Conocimiento.

Las gratificaciones que trabajar frente a grupo me permitieron optar por seguir ejerciendo la docencia tras haberme desempeñado como asesora técnico pedagógico del sector 7 en el ciclo escolar 2009-2010.

Actualmente soy docente del grupo de segundo grado de dicha escuela, mismo que he enseñado con mucho orgullo a más que leer y a escribir, día con día los oriento a pensar y actuar de la vida y para la vida desde edades tempranas. Éstos niños y niñas son la motivación por la que me levanto todos los días y la energía por la que he viajado diariamente más de 140 kilómetros durante ya considerables años. Antoni quien me recibe todos los días con una gran rama con flores y raíz (últimamente me ha preocupado pensar en que dejará a su abuela o al jardín de la iglesia sin plantas) aunque su estómago y cartera estén considerablemente vacios, Jhovana Valentina que está siendo criada por sus abuelos y me ha externado en considerables ocasiones el cariño que me tiene parecido al de una madre, Arnulfo que con sus grandes ojos e incontrolable energía ha puesto a prueba mi paciencia pero también la efectividad y sentido de la verdadera disciplina; en suma, cada uno de ellos me ofrece más aprendizajes que los que yo puedo ofertarles.
    
Sentir que mi trabajo trasciende más allá del aula me llena de orgullo, tal es el caso de Don Fernando, el señor que durante años ha llevado el agua de beber a la escuela, cuya hija con muchos sacrificios realizó estudios de ingeniería, pero a la vez sus padres se resistían a dejarla salir a desempeñarse como tal, dicho buen hombre recientemente me comentó lo siguiente:
“Maestra, disculpe que la interrumpa pero quiero comentarle que mi hija ya está trabajando en Monterrey, después de que platiqué con usted y me aconsejó dejarla ir para que valiera la pena el esfuerzo de ella y de nosotros como padres, me dejó pensando y tomé su consejo. Le quiero agradecer…”    
O como el caso de Noemí, una niña que después de haber vivido en Tijuana llegó con su madre y hermano a vivir al pueblo a la casa de sus abuelos paternos, mostrándose sumamente distraída al iniciar su formación en la escuela, dejando constantemente inconclusos sus trabajos y con un ánimo deteriorado y quien meses más tarde llegó a ser líder del grupo mostrando gran entusiasmo en sus participaciones y formando un excelente equipo colaborativo con los mismos. Después de un tiempo su madre me informó:
“Maestra, le tengo una mala noticia, nos regresamos a Tijuana, pero le quiero agradecer lo que hizo, domó a Noemí, ningún maestro había podido con ella…”
En ese instante yo sólo pensé que lo único que hice fue que la niña descubriera sus posibilidades y se integrara de manera exitosa al grupo.
Son diez años de haber egresado de un instituto formador de docentes, insuficiente sería el espacio y las palabras para narrar las experiencias, escribir los nombres y agradecimiento de los compañeros, alumnos y personas de las diferentes comunidades educativas que me han ido enseñando la grandeza de haber elegido una profesión que trasciende más allá de las políticas, más allá de las reformas, más allá de una sociedad inmersa en un acelerado cambio: la profesión de ser maestra.




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